Con una altitud promedio de 485 metros sobre el nivel del mar y una ubicación estratégica en el corredor poniente de Santiago, Lo Prado presenta suelos que van desde graves arenosas hasta arcillas de mediana plasticidad, un escenario donde el tránsito pesado de la Ruta 68 impone exigencias mecánicas considerables. El diseño de pavimento rígido en esta comuna no admite aproximaciones genéricas: cada losa debe calcularse para resistir esfuerzos de flexión y fatiga que, en ciertos sectores cercanos a la Autopista Central, superan los 6 millones de ejes equivalentes en la vida útil. Nuestro equipo de laboratorio integra el análisis de la subrasante con la dosificación precisa del hormigón, asegurando que la estructura trabaje como un sistema monolítico donde la rigidez del concreto dialoga con la capacidad de soporte del terreno natural. En proyectos sobre suelos finos saturados, complementamos el estudio con sondajes SPT para verificar la consistencia en profundidad antes de definir el espesor de la losa.
El módulo de rotura del hormigón y el coeficiente de reacción de la subrasante definen el 80% del desempeño estructural del pavimento rígido en zonas de alto tráfico como Lo Prado.
